miércoles, 14 de abril de 2010

Viajando por el tiempo

Años 20, calle Casta Álvarez nº 31. Almacén proveedor del Mercado Central, propiedad de Don Pascual Castejón. En el año 1944 aparecía registrado como almacén de aceitunas, no obstante su actividad abarcó otros muchos productos.


Antonio Margalé y su hijo Rafael, realizaron en 1965 este maravilloso plano de la ciudad de Zaragoza.
En primer término el paseo de Echegaray y Caballero y al fondo el Mercado Central. Todavía no estaba construido el hotel que hace esquina, frente a La Zuda.
La calle Imperial, en honor al emperador Carlos V, se llamó así desde el siglo XV hasta 1858, cuando se cambió por la de Antonio Pérez. Fue en 1940 cuando volvió a denominarse otra vez Imperial.

Plaza del mercado (actual de Lanuza) era bastante más estrecha y ofrecía el tipismo de un conglomerado de puestos al aire libre con su correspondiente toldilla, colocados sobre losas, cedidas la mayoría en propiedad por el Ayuntamiento y que luego hubo que expropiar.

Esta era la barriada de la antigua plaza del Mercado a finales del siglo XIX, pintoresca, alegre y populosa y de un vivir con costumbres sencillas. Una barriada que tenía niños, como no, que compraban chucherias en las eternas cestas de las viejecillas, que tenían su sitio fijo en aquella ya más que olvidada "Plaza del Mercado", actual ubicación del Mercado Central.


Año 1985. El mercadillo dominical de Zaragoza se ubicaba hasta mediados de los ochenta en la Plaza Juan de Lanuza, cerca del Mercado Central. Posteriormente fue trasladado a la explanada de aparcamientos del campo de fútbol, luego en el entorno de la plaza de toros, más tarde al Príncipe Felipe y finalmente a los aparcamientos cercanos a la Expo y estación de tren.


El famoso y popular Mercado Central, fue inaugurado el 24 de junio de 1903.

Félix Navarro Pérez, nacido en Tarazona en 1849, fue el arquitecto que proyectó el Mercado Central, en la Plaza de Lanuza.

En 1936, la sociedad Española de Precios Unidos, más conocida por las siglas SEPU, inauguraba en Zaragoza su edificio comercial de la plaza de Lanuza y, en el, se instala la primera escalera mecánica del País, todo un acontecimiento para los zaragozanos.


(documento cedido por el Archivo Municipal)


(gentileza de José Ángel Maestro)
Año 1976. En los aledaños del Mercado Central, se encontraba la tienda de Francisco Vera, se vendía casi de todo: cestas de mimbre, herramientas de toda condición, aperos para el campo etc.


Aquella Zaragoza la ambientaba barberos de bata azul con recortes de periódicos, como el de la calle de Casta Alvarez, su dueño cobraba por el afeitado diez céntimos, y tenía el placer de obsequiar a sus clientes asiduos con una copa de anís. Tanta amabilidad no duró muchos años. Al fín ocurrió lo que era natural que sucediese: su desaparición.

Calle de Antonio Pérez nº 2, antes de la Triperia y después con anticipación que parecía un poco grotesca, Imperial.
En la calle de Antonio Pérez, que era estrecha para el tráfico que soportaba y que complicaba el tranvía de Circunvalación, más tarde Magdalena-Mercado, se concentraban artesanos de esta clase, posadas, tiendas de comidas, y había también un almacén de azulejos y cerámicas, un viejo cuchillero, un almacén de aceites y, a la entrada, el café Colón.

Hasta hace unos años aun quedaban, como unas supervivientes increibles, pero ya muy desnaturalizadas, otras tiendas por los porches del Mercado, que surtían a oficios y gremios ya desaparecidos o muy cerca de su extinción.
Las auténticas, las dedicadas plenamente a los aparejos, a las albardas, a las trallas de recio cuero trenzadas, a los collerones, garruchas, en fin, a todos esos utensillos que la utilización de las bestias de carga, que tan importante papel desempeñaban en el transporte y en la agricultura, desaparecieron con la llegada del motor.


La entrañable tienda de "El pequeño Catalán" todo un símbolo para los vecinos del entorno de la plaza de Lanuza.
Las calles sin semáforos...aun. La gente invadiendo la calzada, confundidos los transeúntes con los vehículos de aquellos días. Entonces la calle era de todos, porque esos todos eran los vecinos, que iban a pie y sólo eran ellos los que daban animación a la calle.

Todo se fue transformando poco a poco, incluso aquel primer tranvia de mulas de la linea de "circunvalación" que conocieron nuestros abuelos. Entraba por la calle de Cerdán e iba a salir a la ribera, por la calle de Antonio Pérez y puerta de la Tripería.

Pasados los años y una vez llegado el "progreso" , esos dueños de la calle, es decir nosotros, nos hemos quedado sin aceras, ocupadas por los coches aparcados y hemos llegado a no poder cruzar aquellas calles sin arriesgar nuestra vida.




En esta vieja estampa de hace ya 100 años, aparece la calle de Predicadores (antes de la Democracia) y un Palacio, de los duques de Villahermosa, que ya sirvió como tribunal de la Inquisición, antes de funcionar como prisión provincial.
Muy diferente a lo que conocemos en nuestros días, aquella población estaba compuesta principalmente de artesanos y labradores, de costumbres sencillas y de un vivir placentero.

Primavera de 1958. El tranvía de la linea nº 7 en la calle Predicadores. Por aquellos años el ayuntamiento de Zaragoza estaba localizado en esta misma calle, bueno, en la Plaza de Santo Domingo, y era el inicio de esta linea tranviaria que finalizaba en el Portillo.


A muchos vecinos de la calle de Predicadores les resultarán muy familiares y entrañables alguno de estos establecimientos: Bazar Iruña, la panaderia de Felipe Jiménez en el nº12, carbones Aragón en el nº 13, la farmacia Areste en el nº 15 y Villaumbrosia en el nº 67, la fábrica de gaseosas de Joauín Cornago en el nº 32, el bar Nuri, aquellas oficinas del ayuntamiento en el º 56 (cercanas al Ayuntamiento de la plaza Santo Domingo), maderas Lasuén, carbones Anadón, pensión Benedí, Casa Amparo, agencia de transportes Continental en el nº 56, la fábrica de cajas de cartón que estaba en el nº 84, asimismo las fábricas de calzado en los nº 76 y 101 ...y un largo etc..

Tristes navidades de 1966, las calles de Cerdán (antes calle de la Albardería) y de Escuelas Pías (antes de la Cedacería) ya estaban sentenciadas por un inminente derribo. Estas dos calles que forman parte de la memoria colectiva de muchos zaragozanos, eran muy populares y comerciales, y en su corto trazado, del Coso a la plaza de Lanuza, registraban gran movimiento de personas durante todo el día.

Vía Imperial, era el nombre que debería de haber llevado la enorme avenida proyectada, en lugar de la actual denominación de Avenida de Cesar Augusto. Desaparecieron las dos calles pero el Mercado Central no se tocó. Desgraciadamente "una vez más" la piqueta hizo de las suyas, y para nada.

Años 60. La calle Conde de Aranda a la izquierda, que ha terminado convirtiéndose en una de las arterias zaragozanas menos afortunadas, tenía a su derecha dos entrañables calles con pedigrí: Escuelas Pías y Cerdán.
La actual, flamante e inacabada Avenida de Cesar Augusto, no está hecha de cemento y brea sino de sensaciones, de añoranza y de recuerdos de todas aquellas familias y comerciantes que dejaron una parte de sus vidas en los escombros.

Año 1952. El tranvía, línea nº 7 Ayuntamiento-Portillo, circulando por la desaparecida calle Cerdán.
Se puede observar el cartel anunciador de la popular casa Lobez (ultramarinos) con sus deliciosos quesos e insuperables mantecas.
¡Y se iniciaron los derribos! desparecieron los olores de aquellas entrañables panaderias e incluso de las legendarias fábricas de barquillos de la calle Boggiero, ¡que cosas!

No obstante la memoria colectiva mantine vivo el recuerdo de algunos lugares emblemáticos de la calle Cerdán como: la tienda de Emilio Jiménez en el nº 1 y que vendía papel de cristal, cueros etc, los almacenes Forcén en el nº 2, la viuda de Abós tenía también a comienzo de los años 40 un depósito de carburo y ferretería, en los nº 11, 13 y 15, Camisería Mazón se situaba en el nº 34, el almacén de alpargatas de la viuda de Ferrer que estaba en el nº 39 ó la tienda de Angel Callizo situada en el nº 30, almacén de fruta y verdura de Vicente Pellicer en el nº 34, La Confianza en el nº 42 de dicha calle con sus tres plantas a plena dedicación, la peluquería de Simón Martínez al lado de La Confianza, y quien no recuerda las estupendas suelas ó brevas en Casa Seral. Tampoco faltaban las farmacias de Jordán o la de Enrique Auba, ó la fábrica de corses de Aurora Vigato en el nº 34....etc.

Año 1978. La desaparecida calle de Escuelas Pías, portada del barrio de San Pablo, hoy convertida en Avenida de Cesar Augusto.
La imagen está llena de sensaciones inigualables, para los que tuvimos la suerte de callejear "tranquilamente" por aquel lugar lleno de vida y de buena gente, sirva este breve recorrido por sus aceras: en primer lugar estaba la iglesia de las Escuelas Pías, Confitería La Palma, deportes Muñoz, las panaderías de Ramos y la de Mariano Napal en el nº 25, peluquería Valero ó la de Juan Latorre al comienzo de la calle, farmacia Pelayo, calzados el siglo XX, perfumeria Pomar, cuchilleria Roche, ultramarinos La Jalonesa y la de Cuartero, pensión Palafox, el hotel Bilbaino, la armería Liso, perfumería Ruymar, almacenes Rodrigo, banco Central, la fábrica de toquillas de Rudesindo Larraz en el nº 37 o la mercería que también tuvo en el nº 19, justo al lado de la librería de Santiago Sánchez, Emilio Fernández guitarras y bandurrias en nº 44 ... y muchísimos más lugares que conformaron el vivir, el día a día de muchas familias de este entorno zaragozano.


(gentileza del Heraldo de Aragón)

Calle Escuelas Pías nº 63, en este lugar estuvo durante muchos años, la fábrica y tienda de boinas sombreros y gorras de Don Ramón Tello.
A nadie se le escapa que esta prenda de vestir estaba muy arraigada décadas atrás, la competencia era pues evidente.
En la calle Escuelas Pías, existían al menos tres tiendas dedicadas a la venta de sombreros: la de Santiago Marín en el nº 27, la de Juan Salvador en el nº 38, la señalada anteriormente de Don Ramón y alguna más que me dejaré, seguro. No se quedaban atrás las calles Cerdán, Las Armas o Torrenueva.




A la izquierda la iglesia parroquial de San Felipe y a continuación el palacio de los condes de Arguillo. En este palacio estuvo desde 1946 la delegación provincial de ciegos, hasta que años después, en 1985, fue reacondicionado para sede del Museo Pablo Gargallo.

Sobre la Torre Nueva, poco hay que añadir, su derribo "caciquil" hace ya casi 120 años, fue tema de apasionadas discusiones, nació torcida y no tuvieron capacidad para perdonárselo.

Aspectos más alegres que el anterior fue la entrañable tienda de juguetes y artículos de broma: La Bola Dorada, estaba situada en el nº 8 de la Plaza San Felípe. No obstante, muy cerca, en el nº 2 de la calle Candalija, estaba Casa Cardeñosa, también un entrañable establecimiento juguetero delicia de los pequeños de aquellos años.

Años 60. La antigua Casa Fortea situada en la plaza de San Felípe y abierta al público en el lejano 1785, ha sido frecuentada por zaragozanos de varias generaciones, era, sin duda, un referente en todo lo relacionado con telas, paños etc. Se restauró y actualmente es la sede del área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza.

La pequeña plaza de Huesca, borrada del mapa urbano para dejar paso a lo que hoy es uno de los extremos de la plaza del Pilar. La plaza de Huesca era un barrio sórdido y miserable y del que queda una reliquia que entonces permanecía oculta, San Juan de los Panetes. De allí partía la calle del Fin, enfilada por el ventarrón hacia una explanada en la Ribera.
Existía en la señalada plaza un taller artesano que fabricaba, entre otras cosas, galdufras, juego que estaba entonces muy de moda.



Por encima de los tejados de las viejas casas aparecía misterioso y sombrío el torreón de la Zuda, inaccesible y cochambroso. Por la calle chirriaba el tranvía, tintineante y estrepitoso; vociferaban los carreteros y sonaba el campanilleo de las bestias arrastrando las pesadas galeras de grandes ruedas y amplios toldos blancos.

Esa es parte de la Zaragoza, que los que no nacimos a tiempo, tenemos que conocer mediante añoranzas evocadoras de nuestros mayores.
La vida de nuestros padres y abuelos era difícil, pero la hacía más difícil todavía la falta de muchas pequeñas cosas de cada momento, de cada día, muchas privaciones ¡demasiadas!.

Año 1936. Aquí acababa la entonces pequeña plaza del Pilar. El lugar de estos edificios corresponde hoy a la hospedería (casa de la derecha) a la izquierda aparece la Clínica y casa del Doctor Palomar, justo donde luego estuvo situada la Cruz de los Caídos.

Fue en 1939 cuando se redactó el proyecto para la nueva plaza del Pilar que, justamente porque en él se preveía unirla con la de la Seo, comenzó a denominarse también plaza de las Catedrales.

Se trata de la calle Aguadores, entre las calles de San Blas y Predicadores, y su nombre corresponde a uno de los pocos nombres de los antiguos gremios, que se han conservado en el callejero moderno, de los que fueron habituales en la Zaragoza medieval.

Por aquellos años, hace ya más de 60, el líquido elemento era transportado desde el Ebro a la ciudad con ayuda de recipientes tan diversos como cubas, pellejos, cántaros de barro cocido o cuévanos de madera.
Existía una rampa cercana que descendía hasta la orilla del Ebro, y ésta estaba situada en un postigo que existía junto a la Puerta de la Tripería, todo ello a la altura de la plaza del Mercado, en el actual paseo Echegaray y Caballero, y lindando con el torreón de la Zuda y San Juan de los Panetes.

Se acabó aquella "cultura campesina" que ha durado siglos, y que incluso en nuestros pueblos ya no es lo que fue, todo se transforma y, de una generacion a otra, es dificil reconocer los viejos rincones y las viejas formas de vida.

(Gentileza del Archivo Municipal, Montemuzo)

Años 50. A la derecha se aprecia parte de la Iglesia de San Pablo.


(Gentileza del Archivo Municipal, Montemuzo)

La Iglesia de San Pablo en el siglo XIX.


(fotografía gentileza del Archivo Municipal)

Años 60. Aspecto que presentaba la zaragozanísima calle de Don Alfonso I por aquellos años, siempre animada y sin duda la zona comercial más importante de la época. A la izquierda se puede ver la famosa águila del centro comercial "Grandes Almacenes El Águila",  ya desaparecido hace varias décadas. Con posterioridad se instaló unos metros más abajo, en la siguiente manzana, otro gran centro comercial, denominado GAY, pero, también desapareció.

7 comentarios:

  1. Gracias Victor, por tantos recuerdos como me has traido de estas entrañables calles que NUNCA debieron tirarse, motor de nuestro Casco historico y que tanto añoramos, esa desidia por lo nuestro, ese tirar esas dos calles han matado el sector, antes pujante y hoy muerto
    Que Dios no perdone nunca a todos los implicados, comerciantes, alcaldes, arquitectos, ladrilleros, especuladores y todos los que se lucraron de esa salvajada mientras este barrio lo han dejado morrir

    Un saludo

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  2. Una vez mas me dejas impresionada. Es cierto que siempre hay que intentar mejorar, pero las grandes cagadas que se ha ido haciendo en Zaragoza y la insistencia en convertir a una ciudad en cosmopolita hacen que perdamos maravillas artisticas y costumbres.

    Sí, aún quedan, supongo que seran las mismas tiendas que las que hablas, en la avenida cesaraugusta al lado del Mercado Central, una tienda de boinas, otra de dulces y alimentacion, que siempre me fijo porque aún tienen la tipica balanza de antes y una peluqueria pero no estoy segura. El pequeño catalan nada que ver con lo que era. A lo mejor si acertaron en reformar la Calle Conde de Aranda porque daba autentica penica, aun con todo aquella zona es lamentable junto con la zona de predicadores, san pablo y casta alvarez.

    Pero y que mania con demoler lo que estorba solo para ganar unas elecciones. Nunca hubiera derribado aquel bloque entre donde estaba el Hispano. Tampoco hubiera derruido bajo ningun concepto la Torrenueva, tambien nacio torcida la torre de la iglesia de San Juan de los panetes (si no recuerdo mal), y nadie dijo de tirarla. Como tambien la torre de San Martin y ahí sigue.
    Nunca hubiera modificado la Calle Alfonso, aunque tampoco digo que estuviera mal. Lo moderno esta dejando morir poco a poco establecimientos de toda la vida. Es increible. Tiendas como SEPU, al cual tuve la suerte de conocer por los pelos, cuando los trabajadores ya estaban medio en huelga por el cierre. Gay, que luego paso a ser Cada cual y no resistio mas y ahora nada tiene que ver, tambien estaba Zara, cuantas veces he ido a ese Zara. Pero los centros comerciales haran que las zonas centro mueran sin remedio.
    Ya no hablemos de la gran cagada historica y electoril del paseo de la independencia. Para mi fue el mayor error historico y electoril que se haya podido cometer.

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  3. Comparto todo, si hace tiempo que no bajas la veras muy desconocida, cada dia una tienda que cierran y dos que no abren, que tristeza, que dolor y que rabia

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  4. He llegado de casualidad a su página, y realmente me ha dejado impresionado tanto por las fotografías que ha ido recopilando como por la información vertida entre ellas. Mi más sincera enhorabuena.

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  5. Aunque yo llegue a Zaragoza en 1979,tuve la suerte de conocer todas esas calles del centro pues vivi en Conde Aranda y trabaje en Predicadores 67,antigua Farmacia Villaumbrosia,Q.E.P.D,y ya por entonces empezaba a marchar para atras la calle Predicadores.Hoy en dia no se como estara pues ya hace muchisimo tiempo que falto pero la ultima vez que pase por la capital me dio la impresion de que ya no la conocia con tanto cambio.Y es que Zaragoza era tan bonita,era un pueblo grande donde casi todos nos conociamos,pena que eso ya se haya perdido.

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  6. Estupendo post para un amante del patrimonio, la arqueología urbana y esta terrible y destructora ciudad. Un placer encontrar tu blog y poder tan bellas imágenes. Me encontraras en www.antoniosaz.blogspot.com, suelo hacer reportajes sobre comercios perdidos y arqueología urbana e industrial, además de otras muchas cosas menos de tu estilo, je, enhorabuena por la sensibilidad y la documentación

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  7. EXTRAORDINARIO REPORTAJE, LO HE LEIDO TODO, PERO NO PERDONO QUE OS OLVIDASEIS DE UN ESTABLECIMIENTO CELEBRE, ERA JUAN GARCIA Y HERMANO, QUE ESTABA EN CERDAN 37 Y ESCUELAS PIAS 48, DABA A LAS DOS CALLES, APARTE DE VENDER MUCHISIMO, TAMBIEN LOS ZARAGOZANOS LA UTILIZABAN DE PASAJE, PARA NO DAR LA VUELTA A LA MANZANA, TAMBIEN EN AQUELLA EPOCA EXISTIAN LOS CARADURAS.

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